Carlos del Pozo

El sexo de la lengua

sex

Probablemente decepcionaré al que espere tras leer este título una crónica caliente y subidilla de tono, y de veras que lo lamento si dedujo que uno quería con ello levantar la moral de la tropa, porque nada más lejos. Mi intención no es otra que la de hacerme eco del revuelo que ha levantado las últimas semanas ese informe llamado Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer preparado por el Profesor y académico Ignacio Bosque y que han suscrito todos sus compañeros de la Real Academia de la Lengua. En ese informe, grosso modo, se analizaban una serie de publicaciones realizadas por otras tantas instituciones -sindicatos, universidades, ayuntamientos y gobiernos autonómicos- que pretenden denunciar el sexismo lingüístico y dejar constancia de un desprecio hacia la mujer en el modo de emplear el lenguaje tal y como lo conciben las academias oficiales, sobre todo al primar la utilización del género masculino para englobar ambos sexos. Publicaciones, por cierto, en las que no han intervenido lingüistas ni filólogos, pese a que algunas de sus patrocinadoras -pienso en las universidades- tienen Facultades dedicadas a enseñar el lenguaje y trabajar sus aplicaciones.
Yo he leído ese informe -que de hecho llega algo tarde, pero más vale tarde que nunca- y creo que es bastante bondadoso para con lo que critica y a quienes critica. No hay que olvidar que la RAE no tiene ninguna capacidad ni competencia para imponer un modo de hablar o de escribir, sino que tan solo, desde la sabiduría y experiencia de sus miembros -aunque a las pocas mujeres que hay en ella no se las pueda considerar sus
miembras, recuérdese- posee atribuciones de recomendar, guiar y aleccionar sobre el uso del idioma. Lo que no resulta admisible, como recuerda el Profesor Bosque en el polémico informe, es suponer que el léxico, la morfología y la sintaxis de nuestra lengua han de hacer explícita sistemáticamente la relación entre género y sexo, de forma que serán automáticamente sexistas las manifestaciones verbales que no sigan tal directriz, ya que no garantizarían “la visibilidad de la mujer”.  Y si ciertamente hay expresiones, frases hechas y términos que propenden a discriminar a la mujer, hacerla de menos o simplemente injuriarla, deben saber quienes por ello se rasgan las vestiduras que el lenguaje en sí no es sexista, y menos la defensa del mismo que hacen los académicos. Que lo que resulta sexista, machista y censurable no es otra cosa que el mal uso que de él pueda hacerse.
Resulta algo infantil y ciertamente enfermizo el general rechazo que en esas guías se dispensa a toda expresión del masculino destinada a abarcar los dos sexos. Alguna de ellas considera sexista escribir
los valencianos en vez de los valencianos y las valencianas, y todos los ciudadanos frente atoda la ciudadanía -una y otra tienen en común que olvidan a los habitantes de los pueblos, y eso sí que es discriminar-; otra rechaza los becarios y propone en su lugar las personas becarias; y una tercera considera segregacionista escribir número de parados en lugar de número de personas sin trabajo. Aunque tal vez el colmo del rebuscamiento esté en esa que predica que no se debiera decirLos afectados recibirán una indemnización, sino que es más adecuado manifestar que Los afectados, hombres y mujeres, recibirán una indemnización. Sólo comparable en su estupidez a aquella otra guía de un sindicato que, hace ya algunos años, propugnaba no decir el lector, sino persona que lee, ya que quien aquello alumbró resultaba palmario que en su vida había abierto un libro.

Hace un par de meses Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores publicaba Lección pasada de moda,del escritor y académico Javier Marías. Es esta una recopilación de sus mejores artículos sobre la lengua y su uso. Sin llegar a la maestría de los dardos en la palabra del Profesor Lázaro Carreter, es un libro entretenido, ingenioso y muy instructivo. Se lo recomiendo encarecidamente a todos aquellos que se dedican a publicar guías sobre el sexismo en el lenguaje. Aprenderán mucha lengua, conocerán su uso correcto, aunque me imagino que no disfrutarán demasiado. Allá ellos.