Carlos del Pozo

La desdicha de los libros

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Hay un pueblo en el Ampurdán gerundense llamado Avinyonet de Puigventós, en adelante ADP. El nombre, no me lo negarán, no puede ser más ostentoso, aunque está bien que los pueblos pequeños -y éste apenas pasa de los mil habitantes- tengan nombres ostentosos. Pese a estar a poco más de una hora de distancia de donde resido debo reconocer que no he estado allí nunca, y por si acaso, procuraré no hacerlo mientras pueda. Muchos no sabíamos de la existencia de este pueblo hasta que nos hemos enterado de la misma por mor de la decisión de su alcalde de cerrar la biblioteca municipal y lanzar a un contenedor de reciclaje de papel todos los libros que en sus anaqueles había. A cambio, ese espacio lo ha sustituido por una sala de coworking, que también nos hemos enterado que consiste en una especie de centro para que emprendedores de la zona puedan impulsar sus negocios (sic).
Uno ya sabía que había por ahí alcaldes brutos, mentecatos y necios, pero lo de este tipo de ADP supera la media. A los políticos se les deben pedir responsabilidades, o al menos explicaciones acerca de sus decisiones, y eso es lo que han hecho la oposición municipal, la prensa y algunos vecinos; me imagino que pocos, ya que en las últimas elecciones le votó más de la mitad del electorado. Pero lo peor es la reacción del tipo en cuestión, que lejos de reconocer el error o pedir disculpas ha dicho que en los últimos siete años habían entrado cinco personas en esa biblioteca, y eso siendo muy generoso según sus propias cuentas. Bien, he aquí un alcalde que en vez de gobernar su consistorio se dedica a contabilizar las personas que entran en la biblioteca local. Además, el buen hombre también ha asegurado que la medida ha posibilitado que con el papel reciclado de los infectos libros se puedan obtener libretas y folios para el colegio del municipio; bien, si es así, podría haber tirado al contenedor también los libros de registro municipales y hasta todo el archivo local, que seguramente estaba muy anticuado, y de ese modo habría folios y libretas para todos los colegios de la comarca. Para redondear el despropósito, este individuo ha afirmado que había consultado con algunos expertos libreros y éstos le habían dicho que esos libros carecían de valor. No se conoce un inventario ni siquiera un informal listado de esos libros, y parece que esos expertos, tras descubrirse el despropósito, no han dicho ni mu.
El número de volúmenes esquilmado no está demasiado claro. El alcalde lo reduce a setecientos -¿qué son setecientos libros en la inmensidad de un contenedor?-, pero otros aseguran que eran dos mil. El abogado y ex diputado Josep López de Lerma, vinculado a ADP, donó en su día cerca de seiscientos volúmenes a la biblioteca, y ha manifestado que se trataba de obras de valor literario e histórico, algunas de ellas relacionadas con la comarca ampurdanesa. También ha mostrado su intención de denunciar al primer edil por prevaricación administrativa.
Por cierto: la sala de
coworking ha recibido hasta la fecha la visita de tres interesados. Y por cierto también: los vecinos de ADP están recogiendo firmas para que se vuelva a abrir la biblioteca. Deben de ser los cinco -siendo generosos, como sostiene su alcalde- que utilizaron sus servicios durante los últimos siete años.