Carlos del Pozo

No es una huelga cualquiera

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Todos los medios de comunicación, al analizar la huelga general celebrada hoy en nuestro país, han coincidido en señalar que en este paro general del 29-S se han reproducido las mismas constantes de huelgas anteriores: guerra de cifras entre gobierno y sindicatos, derecho de huelga versus derecho a trabajar, piquetes incontrolados, policías acusados de dureza excesiva -como algunos defensas de nuestro fútbol- y triunfo final para todos: los sindicatos porque el país entero ha parado, el gobierno porque los paros no han sido mayoritarios y se ha garantizado el orden público, y la oposición de derechas porque han perdido tanto gobierno como sindicatos, y ellos han visto pasar el cadáver de ambos. Pero no, yo creo que esta huelga aporta aspectos diferenciadores respecto de las anteriores que la hacen especial, distinta y, por qué no decirlo, histórica.
          En primer lugar ha tomado carta de naturaleza un novedoso término de batalla: el piquete convencitivo. Lo ha inventado un señor llamado Florentino que no es presidente del Real Madrid sino responsable de transportes del sindicato UGT en Asturias. El vocablo, hermoso y locuaz a partes iguales, encierra ese pequeño misterio de sus componentes. El primero está claro: convencer, que, por seguir con la jerga futbolera, es mucho más que vencer. Pero ¿y el segundo, el que aparece en la palabreja a modo de sufijo? ¿Será informativo o tal vez coactivo? ¿Será una rosa o será un clavel? Ahí queda la duda, independientemente del hallazgo lingüístico, colosal sin ningún género de dudas.
           La otra novedad estriba en la búsqueda por parte de los sindicatos de nuevos segmentos de la población que puedan sumar mayor capital humano a sus movilizaciones. La idea la tuvo el secretario en Andalucía de UGT -que a estas alturas ya nadie duda que es un sindicato que apuesta firmemente por la renovación de ideas-, un señor apellidado Pastrana que propuso que el 29-S los abuelos no cuidaran de sus nietos, sumándose así a la huelga general, una formulación que no conoce parangón en la historia de la lucha obrera. Cabe reprocharle tan sólo que se olvidara de las abuelas, no como su jefe federal, Cándido Méndez, que siempre se dirige a los trabajadores y las trabajadores de este país. El mismo jefe que, tras las críticas y chuflas recibidas por el bueno de Pastrana, ha manifestado que piensa llamarle por teléfono para felicitarle por alumbrar tan trascendente propuesta.