Carlos del Pozo

El fútbol rescatado

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El mismo domingo del partido, por la mañana, leía en El País una entrevista a Iker Casillas. El capitán de La Roja proclamaba: Somos una generación educada para ganar. No se puede ser más claro, aunque la frase destila orgullo y humildad a partes iguales. Después de lo de ayer ya nada será lo mismo, pero todos nos podremos largar de este mundo tranquilos, con el único pesar del recuerdo de esos seres queridos que no pudieron verlo. Yo me acuerdo ahora de mi Abillo, de mi tío Turi y de mis tíos Salvador y Gonzalo, reconocidos futboleros los cuatro y a los que durante las últimas horas intento transmitirles lo que ha pasado en los últimos cuatro años sin resultados palpables: pese a mi intento de ser verosímil, ellos, desde el cielo, no dan crédito a mis palabras.
La última semana de Eurocopa fue gloriosa. Vi el partido de Francia en mi pueblo, que es Madrid (España) -que diría Carod Rovira-, sufrí contra Portugal desde mi melancólica montaña junto a mi hijo -que vino con una Champions del Madrid bajo el brazo y no sabe sino de triunfos de la Selección-, pero la final de ayer la vi instalado en el paraíso, muy cerca de esos seres queridos que sin embargo no me creen cuando les cuento lo que ocurrió. Debe ser por eso del mal de las alturas.
Estamos en la era digital y todo se fotografía con esas pequeñas cámaras. Debe haber millones de fotos que retratan el triunfo de
La Roja desde todos los ángulos. En todas vemos a los jugadores abrazados, a los que han jugado y a los que no, a los vascos y andaluces, a los madrileños y catalanes. No hablan de pactos fiscales ni de guerras lingüísticas entre ellos porque sólo entienden la vida como un intento de hacer feliz a la gente y de pasárselo bien jugando al fútbol. Son más inteligentes que lo que muchos piensan, bastante más. Y con mucho más talento que cualquier político para entender a quienes no juegan durante el año en su mismo club o no son del mismo sitio. De entre todas esas fotos uno se queda para la posteridad con aquella en la que Casillas y Xavi, abrazados, sostienen la Copa uno de cada asa. Xavi está envuelto en unasenyera y Casillas le ha pedido hacerse una foto con él. Con esa foto se acaban para siempre las dos Españas, aunque esa foto viene a ratificar que no sólo hay una España posible. Vergüenza deberían de tener muchos políticos, la mayoría, al no haber podido concebir ellos antes un gesto tan hermoso.
Comenzamos la Eurocopa con la fatídica noticia del rescate de España por un consorcio de banqueros, especuladores y sostenedores del capitalismo más duro, pero la acabamos con un equipo, un grupo, una panda en fin, que ha escrito la más bella historia que se pueda contar sobre fútbol. Antes otras selecciones ganaron esos títulos y el único mérito que la mayoría de ellas tuvieron fue el de meter más goles legales que sus rivales. La mayoría eran chatas en su juego, anodinas en su fútbol y roñosas para con el espectador. Pero llegaron estos chavales y, después de ver cómo rescataban a su país desde la usura internacional, ellos rescataron al fútbol por los siglos de los siglos.