Carlos del Pozo

Había una vez un circo

circo

Mi mujer y yo andamos estos días enfrascados en la aventura docente emprendida por nuestra hija mayor, que acaba de comenzar sus estudios de bachillerato. A este tipo de cosas se aboca uno cuando le toca, porque hasta ahora no me había preocupado saber en qué consistía el sistema educativo no obligatorio -el posterior a la enseñanza secundaria- dado que cambiaba cada vez que había un nuevo partido en el poder. El de ahora consiste en dos cursos de bachillerato como prólogo a un examen de selectividad si lo que quiere estudiarse es una carrera universitaria. Según los centros de enseñanza se ofrecen diversas modalidades de bachillerato: científico, técnico, artístico, social y humanístico son las más destacables, con sus posibles combinaciones.
           Leía hoy una noticia en La Vanguardia relativa a Reus, la ciudad de la provincia de Tarragona donde nacieran, entre otros, Gaudí, el General Prim, Agustina de Aragón -que no era de Aragón sino de Reus- y Andreu Buenafuente. Tal vez por esa pléyade de personajes tan diversos es por lo que el ayuntamiento, junto con la Consejería de Educación de la Generalitat, decidió crear para este curso una singular modalidad de bachillerato: el bachillerato de las artes del circo y del gesto, al que se le ha puesto la etiqueta de pionero de Cataluña. Yo no sé si con la que está cayendo, con el elevado nivel de desempleo juvenil, con el éxodo de nuestros graduados al extranjero para trabajar y esa espada de Damocles llamada fracaso escolar estamos para aventuras tan pintorescas como las de dedicar dos cursos de bachillerato al circo, y lo digo con todos mis respetos hacia quienes se ganan la vida entre fieras domadas, carpas y trapecios, y ya no tanto respeto hacia los políticos responsables de tan estrambótica idea.            Debe ser que esta sociedad nuestra, desencantada y sin esperanza, necesita de nuevos acicates para combatir el duro ejercicio cotidiano. Por eso se auguró un gran éxito a la idea, aunque tan solo se contaba para experimentarla con diecisiete plazas de uno de los institutos de la ciudad, el Gabriel Ferrater. Sin embargo creo que estamos en una sociedad no tan abúlica como se dice y nuestros jóvenes no son tan tontos como se los pinta porque -y ésta es la noticia de La Vanguardia- a ese pomposo bachillerato de las artes del circo y del gesto no se ha apuntado ni un alumno. Es más, se ha ampliado el plazo de matriculación un mes más, pero ni por esas. Tenían para ello contratada a una tal Salima Peippo -artista de prestigio internacional según los auspiciadores- que ahora será una desempleada más, pero esas mentes luminarias no se rinden y destacan la importancia del proyecto, amenazando con reeditarlo el curso que viene.

La periodista que firma la crónica habla en la misma de enseñamientos de circo, en vez de enseñanzas, con lo que está haciendo no es sino un ensañamiento con nuestra lengua. Incluso titula la noticia: Los estudios de circo de Reus, en suspense por falta de alumnos. Que yo sepa Hitchcock no tiene nada que ver en el asunto. Es en suspenso, y no en suspense, señorita. Por cierto: ¿qué modalidad de bachillerato estudió esta periodista? Se admiten apuestas.