Carlos del Pozo

El hermano menor

Pasted Graphic 17

El otro día por la mañana me desayuné con la triste noticia de la muerte de Kalikatres, el dibujante y humorista que nos dejaba a punto de cumplir ochenta y nueve años. En los obituarios al uso se ensalzaba la estética picassiana de sus dibujos, el trasfondo filosófico de sus textos y su pertenencia, a través de sus colaboraciones en La Codorniz, a la llamada Generación del 27 del humor, la de los Mihura, Jardiel, Tono y Neville, un grupo que hunde sus raíces en Gómez de la Serna, el gran Ramón, con quien también compartió colaboraciones y proyectos Kalikatres. Su figura, contemporánea de Gila, es puente de esa generación con la posterior de Forges, Tip y Coll, Pablo o Serafín. Por eso, Ángel Menéndez, que es como en realidad se llamaba nuestro querido Kali, siempre me pareció un poco como el hermano menor de aquella irrepetible generación de escritores y humoristas, como ese hijo que llega años después tras un resbalón de sus padres y al que le distancian años y experiencias de sus hermanos mayores, mas no el estilo literario ni la intención estética.
           Lo conocí hace más de veinticinco años colaborando los dos para Área Norte, entonces una joven revista en blanco y negro que sacaba a la luz sus primeros números. Vivía en la Ciudad de los Periodistas, en concreto en el edificio Camba -entre Larra, Azorín, Balmes y Camba, estaba clara la elección-, y vivía solo, pues ya estaba separado de su primera mujer, que era -no es broma- psiquiatra. Andaba por entonces en amores con una rusa que era médico especialista en medicina tropical, o eso creo recordar que nos contaba, aunque al final se casó con una señora polaca que le dio una hija. Coincidíamos en unas comidas con las que el director de la publicación remuneraba las crónicas de todos los colaboradores de la publicación y que celebrábamos el día de su santo. De aquellas comidas sólo quedábamos en Área Norte -aparte del director, que ya orilla los tres centenares de números de la revista- él y yo. Yo por entonces preparaba oposiciones a la Carrera Judicial y recuerdo que me hizo un dibujo en donde se le preguntaba al sabio Kalikatres qué era un opositor a juez y éste respondía: Hijito,  ni más ni menos que un cachorro de depredador de humanos. He buscado estos días ese dibujo por casa pero no he dado con él. El que he encontrado es el que ilustra esta crónica, dedicado a Carlos II; Carlos I era Junyent, el director de Área Norte.
           Era un tipo con un semblante que navegaba entre la burla y la ternura, un poco en la línea del humorismo melancólico de los de su generación. Alto y bien conformado, como buen vasco que era, gastaba gabardinas color crema y pañuelos marrones, y era una delicia escucharle relatar anécdotas de aquella revista, la más audaz para el lector más inteligente, con su voz solemne y de vocalización rotunda. Y resultaba todo un espectáculo verle mover su pluma sobre esos papeles de doble holandesa que siempre llevaba encima y dibujar sobre el blanco aquellos tipos egipcíacos de muecas guasonas.
           Hace un par de años, Kalikatres dejó de colaborar para Área Norte. Junyent, el director de la revista, fue a su casa de Chamartín a verle y a entregarle unos originales suyos que el dibujante quería recuperar. Estaba entregado a su enfermedad y ya no podía escribir ni dibujar. Ahora nos ha dejado, pero quedan sus dibujos, el ingenio de sus frases y el recuerdo de un tipo con el que resultaba difícil aburrirse simplemente escuchándole relatar historias y anécdotas.