Carlos del Pozo

Felicitaciones navideñas

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Ahora que la Navidad ya sólo es un recuerdo anclado en el tiempo hasta dentro de once meses, uno se permite hacer balance a costa de lo que han cambiado las formas de felicitación entre la gente en el decurso de esas fiestas de excesos, consumismo y deseos de buena voluntad. Decía Josep Pla que los humanos clasificamos a nuestro prójimo en tres categorías, a saber: amigos, conocidos y saludados. Bien, lo que va a continuación afecta a los tres grupos. Y nada como la Navidad y las felicitaciones que a lo largo de ésta se suceden para no poder distinguir demasiado nítidamente unos de otros. Hay quien como en aquella canción de Roberto Carlos dice tener un millón de amigos, y a lo mejor ocurre que confunde los pocos que tiene con los miles de conocidos y saludados que atesora. Pero lo cierto es que estas fiestas ya pasadas suelen, a través de sus tópicos, meter a todos ellos en el mismo saco.
Hace años -tal vez ya muchos años- la gente se felicitaba a través de los christmas de rigor. Eran aquellas unas felicitaciones puede que algo melifluas, pero resultaban sinceras y muy personales. En el gusto de escoger el christma y en el tono de la frase de felicitación elegida para rubricarlo era posible intuir el afecto que por uno sentían quienes le deseaban un año venturoso y unas buenas fiestas. Algunos venían acompañados por un número de lotería o una participación en el mismo, con lo que se nos agasajaba compartiendo la posible suerte y la felicidad, ay, que aseguraban que traía el dinero. Había una liturgia especial en la elección del christma, la compra de sobres y sellos, y hasta el viaje al buzón de correos para depositar aquellos buenos deseos que viajaban en tren de mercancías y muchas veces llegaban una vez finiquitadas las fiestas.
Con los avances tecnológicos, los christmas han entrado en desuso y se han visto sustituidos por esos archivos de Internet enviados por el correo electrónico. En ellos uno va pinchando flechas y aparecen los Reyes Magos caminando hacia su objetivo entre lucecitas y montados a lomos de camellos que mueven los ojos como lo hacía la buena de Marujita Díaz. Con el tiempo han ido incorporando la música, diferentes versiones en distintas lenguas y un final que sólo acaece cuando uno toca con el ratón del ordenador la estrella que ha de guiar a los Magos de Oriente o los cuernos de los renos que tiran del trineo de un barrigudo pero noble Santa Claus. Cada año son más sofisticadas estas felicitaciones cuyos envíos y reenvíos hacen perder tantas horas de trabajo, sobre todo en las administraciones públicas, pero amigos, hay que preservar el talento.
Estas fiestas recibí en el teléfono fijo de casa una felicitación muy curiosa. Llamaba Movistar para desearme, con voz de locutor, unas buenas fiestas de parte de una pareja que en mi vida navega entre los conocidos y saludados y con la que no nos relacionamos, ni yo ni mi familia, prácticamente nada durante el año; es más, cuando escuché sus nombres tuve que cavilar unos segundos para saber de quién se trataba. Debieron utilizar una de las miles de posibilidades de la técnica para enviar un christma telefónico a los miles de amigos que creían tener. La verdad es que la cosa quedaba de lo más zafio y hortera, porque tener buenos deseos a través de un conducto tan impersonal puede dar una idea de lo poco que a favor de tal pareja indicaba su gesto.
Desde hace unos pocos años utilizo teléfono móvil. Debo de ser de los últimos de Filipinas en tal asunto, y desde que lo uso no he conocido a nadie que esté liberado por decisión propia de tal carga. Pero desde el primer año recibo un SMS por esas fechas que dice textualmente: Feliz Navidad para ti y tu familia. Rafa AVE. Evidentemente, no sé de quién se trata. Entre otras cosas, porque hasta hace unos meses no había montado en un tren de alta velocidad - no recordando haber entablado amistad en tal ocasión con ningún Rafa- y ese mensaje llega puntual a mi móvil el día de Navidad desde hace tres años. A veces he tenido la tentación de contestarlo, pero el pudor me ha vencido. Este Rafa AVE escapa, además, a cualquier posible categorización, ya que no es conocido ni saludado, pero mucho menos amigo. Por eso creo que este es un buen medio para devolverle sus buenos deseos. Un abrazo, Rafa AVE. Y para ti y para los tuyos, iguales deseos.