Carlos del Pozo

Selectividades

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Hace apenas un par de semanas se desarrolló en toda España la Prueba de Acceso a la Universidad (PAU), que es así como se denomina hoy a lo que muchos hicimos antaño bajo el rótulo de Selectividad. El hecho de que esas pruebas se hayan llevado a cabo durante dos semanas debido a la diversidad de calendarios docentes de las diferentes Comunidades Autónomas ha provocado tanto numerosas anécdotas como análisis de toda clase recogidos por los medios de comunicación.
Una de esas anécdotas es el, al parecer, excesivo número de sobresalientes en Murcia, Extremadura o Canarias, y también la dureza con que se corrigen esas pruebas en Castilla y León. O la poca exigencia ortográfica del examen de Lengua Castellana en las Islas Baleares, en donde es posible aprobar con trece faltas de ortografía, cuando en otras comunidades cada falta supone una reducción en la nota final de hasta medio punto. También hay muestras del llamado turismo académico, mediante el que los padres matriculan a sus hijos en el último curso de bachillerato en una autonomía diferente a la de su residencia ante la mayor facilidad de obtener una nota alta para poder estudiar determinados Grados. El ejemplo de los salmantinos que se van a Cáceres con ese fin es tal vez el más frecuente, pero no el único.
Otra curiosidad que hemos llegado a saber estos días es que la carrera más codiciada por los jóvenes -y la que mejores salidas profesionales ofrece a los mismos- es la de Matemáticas. Es curioso porque es una carrera que, al menos en mi época, la hacían cuatro locos y únicamente tenía como salida profesional la enseñanza. Entonces se denominaba
Ciencias Exactas y yo recuerdo que en el campus de la Autónoma de Madrid, donde yo estudié, ocupaba un perímetro reducidísimo dentro de la extensión dedicada a las Facultades de Ciencias. Algo -o mucho- ha debido de cambiar este mundo para que algo tan diabólico, odioso y repugnante como es ese universo de logaritmos, derivadas, ecuaciones y raíces cuadradas, se haya acabado convirtiendo en un claro objeto de deseo para nuestros jóvenes, máxime cuando es capaz de ofrecerles unas magníficas salidas laborales. Vivir para ver.
Pero quizá lo mejor de todo sea conocer la carrera que va a estudiar el mejor alumno de la Selectividad en toda España. Se llama Carlos Rodríguez, es alicantino y obtuvo como nota de Bachillerato un 10 y como nota de Selectividad un 14, es decir, lo máximo que puede obtenerse en ambas, y todo ello en una comunidad, la valenciana, que además no es de las más indulgentes para con sus alumnos ni de las que regalan generosamente puntos; prueba de ello fue la protesta que hicieron varios cientos de examinandos a cuenta del examen de Matemáticas, al parecer muy puñetero. Pues bien, Carlos ha declarado que no quiere hacer ninguna carrera, sino estudiar en la Real Escuela Superior de Arte Dramático de Madrid para algún día llegar a ser dramaturgo. A mí me parece estupendo.

Si muchos de los jóvenes de hoy día son como Carlos no cabe duda de que, con esa generación, en nuestra vejez vamos a estar en buenas manos. Porque si apostamos todo nuestro futuro a las matemáticas..., en fin, no quiero ni pensarlo.