Carlos del Pozo

Los cuadernos de Rusia (I)

rusia 1

A dos días del comienzo del Mundial de Rusia y en una misma jornada dimitía el Ministro de Cultura (y Deporte), cesaban al seleccionador Lopetegui y el cuñado del Rey embocaba su camino hacia el presidio. También sabíamos que más de seiscientas pobres almas embutidas en un barco en alta mar y a quien nadie quería dar cobijo llegarían a Valencia después de ser rechazados en Malta e Italia. Demasiadas convulsiones antes de que comenzara a rodar el balón.
A la selección española se le pronosticaba lo peor. Tanto el Real Madrid como Lopetegui, a la hora de tomar tan torpe decisión, pensaron en cualquier cosa menos en la selección. Pero el equipo respondió con nobleza, gallardía y gen competitivo ante tanto desmán; al contratiempo de poner un nuevo seleccionador dos días antes del primer partido se unieron, en ese partido, circunstancias en principio insalvables: un penalti en contra a los tres minutos, descubrir para nuestra desgracia que el portero español no juega en el United sino en el Liverpool, y un Cristiano Ronaldo que se ha dosificado en su club todo el año para este momento. Durante la temporada todos sus tiros de falta se estrellaban en la barrera y el otro día superaron a ésta y a la portería con pulcritud, con el portero del Liverpool haciendo de Don Tancredo. Pese a todo, la respuesta de
la Roja se tradujo un partido muy bien jugado, ampliamente dominado y que mereció ganar.
Esto no ha hecho más que empezar. Veo mal a Argentina y mal a Francia, y Portugal me recuerda a la Real Sociedad de los ochenta: patadón y tentetieso. Antes de comenzar el campeonato se le ponía un pero a España: que no tenía gol. Tres en un partido no está mal, sobre todo si son tres goles bonitos. Vamos a ver qué nos deparan las siguientes jornadas.