Carlos del Pozo

Eternos rivales

Real-Madrid-vs-AtleĢtico-de-Madrid

Se vuelve a repetir la historia de hace dos cursos y la final de la Champions League la jugarán de nuevo dos equipos madrileños. Si a eso le añadimos que otros dos clubes -Sevilla y Villarreal- han jugado las semifinales de la Europa League, y que uno de ellos puede ganarla por tercer año consecutivo, podemos concluir que la Liga española es la mejor del mundo, sobre todo porque aparte de esos cuatro magníficos equipos hay uno -el Barcelona- al que eliminaron hace tiempo pero que es, a decir de muchos, el mejor equipo del planeta.
Sé que no voy a revelar nada nuevo si digo que soy madridista hasta la médula. Pero ser madridista en Cataluña, donde vivo felizmente desde hace nueve trienios, es algo bastante complicado. El otro día, cuando el Madrid jugaba su semifinal frente al Manchester City, decidimos pedir por teléfono unas pizzas a un establecimiento cercano a casa. Al hacer el encargo pregunté que cuánto tiempo tardarían en servirlas y se me contestó que veinte minutos, ya que ese día no había problemas porque no había fútbol. Le repliqué a mi interlocutor que se equivocaba, que ese día sí había fútbol pues jugaba el Real Madrid. El equipo que más Copas de Europa posee, puntualicé. El tipo me dijo que para él, si no jugaba el Barça, era como si no hubiese fútbol. Comenzamos un estira y afloja tenso que me encargué de zanjar preguntándole si le interesaba servirme cuatro pizzas. Como buen catalán dijo que sí.
Se han dicho muchas tonterías los últimos meses a cuenta de la Champions League por la prensa catalana. Básicamente y como corolario se sugiere que el Madrid no ha merecido llegar a la final porque en los cruces de octavos, cuartos y semifinales le han tocado en suerte los equipos más flojos dado que el sorteo estaba manipulado y controlado por Florentino Pérez. La Roma, por ejemplo, que le disputó al Barça la liguilla previa en un grupo escalofriante que completaban el Leverkusen y el Bate, que no es un equipo de béisbol. El Wolsfburgo, que lideró un grupo donde estaban PSV y Manchester United, dos campeones de Europa. Y el City, que lideró el grupo donde estaba la Juventus, actual subcampeona. El City, a quien el comentarista de
La Vanguardia -un medio bastante moderado en comparación con el talibanismo culé de los medios controlados por la Generalitat- definió como el semifinalista más tonto de los últimos años.
Sobre todo el enfado ha acaecido a partir de la temprana eliminación del Barcelona. Bien es cierto que antes de disputar los cuartos frente al Atleti se repitió hasta la saciedad que el club del Manzanares era el paradigma del anti-fútbol, su defensa la más sucia del continente y su entrenador un especialista en convertir el verde tapete en un campo de minas, algo que no voy a negar porque yo también lo pienso. Lógicamente en esos cuartos de final esa caterva de cuatreros eliminó injustamente al Barça y tuvimos que escuchar lamentos por la muerte del buen fútbol, del fútbol precioso y armonioso en el que prima sobre todas las cosas el control de la pelota y el respeto al espectador. Esto es, el fútbol que monopolísticamente pertenece al Barça desde hace décadas.
Pero curiosamente desde que se planteó que serán los dos equipos de mi pueblo y no otros los que disputarán la final de Milán, la admiración hacia el Atleti se ha disparado entre la prensa deportiva catalana. Ahora se habla del milagro-Simeone, de la eterna juventud de Torres, la astucia de Griezmann y nadie de ellos duda de que Oblak sea el mejor portero del mundo. Sólo ha faltado decir que su presidente, Enrique Cerezo, es el mejor productor de la historia del cine español al haber financiado películas como
Torrente 4, Desde que amanece apetece o El oro de Moscú. Si gana el Atleti serán felices, y si gana el Madrid podremos volver a las bolas calientes, los equipos tontos y a la tesis de una Champions devaluada.
Tal vez entonces habrá que remedar al bueno de Rajoy: hacer como que uno no oye nada y fumarse un puro.