Carlos del Pozo

Tiempo de libros

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Estamos en tiempo de libros. Por estos días se da el pistoletazo de salida a la Feria del Libro de Madrid. Si me lo permiten, mi feria. Desde bien adolescente solía acudir a su regazo en esas primaveras en las que ya empezaba a apretar el calor y los exámenes finales se disponían a dictar sentencia en nuestra incipiente madurez. El Paseo de Coches del Retiro era una barca varada en mitad de nuestras vidas y uno tiraba de remo y timón para que la travesía resultara placentera. No siempre con éxito.
Hace años que no voy a la Feria. Muchos años. Desde hace tiempo mi lugar en el mundo está a seiscientos kilómetros de allí, y como no trasladen la Feria a fechas navideñas me parece que pasará algún tiempo más. Aunque una Feria en Navidad podría ser una empresa nefasta: el lago del Retiro helado, los cuatro desalmados de siempre haciendo footing y el señor que vende los barquillos constipado y en cama. Mejor no pensarlo.
El otro día me llegó por correo la hoja de ventas de un libro que publiqué hace unos años. La información no era demasiado optimista: durante 2009 se habían vendido de ese libro ¡-2 ejemplares! Sabía que uno era un escritor de minorías, pero caramba, no creía que tanto. Pensé que era una broma y me dije: hay que ver estos andaluces, qué
grasia que tienen a veces -la editorial es de allí-, pero no, tanto en los extractos individuales como en el global se reiteraba el mismo mensaje: mi libro había vendido menos 2 ejemplares. Le estuve dando vueltas durante un par de días al asunto y al final llegué a la conclusión de que se trataba de un par de admiradores secretos que se habían llevado al descuido mi libro de alguna librería mal vigilada y que ahora los de la editorial me intentaban imputar el hurto. Si alguien coincide en la Feria con ese par de cristianos, que les diga de mi parte que tienen pagadas unas cervezas la próxima vez que nos veamos.