Carlos del Pozo

Primeras impresiones

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Lo primero que nos deja las primeras jornadas de esta Eurocopa es que estamos ante el campeonato de los números. Por las mañanas prima de riesgo, bonos intercambiables e índices de la Bolsa, en tanto que por la tarde números en los dorsales de los jugadores. En esto último, como en la prima de riesgo, parece que vayamos hacia atrás, porque los números de las camisetas de las selecciones son los más horrorosos que uno recuerda. Los de España parecen sacados de esas camisetas con publicidad del bar del pueblo que patrocinaban el equipo local. Los de Alemania, los de un partido de solteros contra casados. Y los de Holanda, los más espantosos sin duda, nos recuerdan a esos números que en el colegio colgábamos del dorso de nuestras camisetas con un esparadrapo.
No se imponen los países ricos sobre los rescatados, y eso resulta un consuelo. Resisten España y Portugal -qué gran federación saldría de la suma de ambas-, Italia se mueve en el alambre y Grecia… En fin, Grecia nunca fue gran cosa futbolísticamente, así que ahora, cuando su bancarrota está a punto de finiquitar Europa, no pretendamos que destaque. Alemania, por su parte, sigue gobernando con mano firme y ganando partidos no siempre con justicia, y Francia, con toda su
grandeur contempla atónita cómo un relámpago parte en dos La Marsellesa. Como decía aquél: los franceses se creen los mejores en todo, también en parecer los más tontos.
En cuanto a España me preocupa que Del Bosque masque chicle sin parar durante todo el partido. Eso comenzó a hacerlo su colega Ferguson cuando le hicieron Sir y miren cómo ha acabado. Parece que el marquesado no le ha sentado bien al hombre. Mientras acierte con sus alineaciones, a mí plim. Aunque no dejo de lamentarlo por sus mandíbulas.